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El ex Intendente se refirió a los 200 años de Autonomía

Alberto Paredes Urquiza difundió un escrito titulado ‘Nuestros 200 años’ en el que -entre otras cosas- destaca: «si consideramos que esta Provincia necesita o merece un presente en mejores condiciones, podemos (y en realidad, debemos) comenzar de inmediato un proceso de transformación profunda. La transformación es un proceso de construcción colectiva, que requiere de liderazgos, no sólo políticos sino en todos los órdenes de la actividad social».

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Nuestros 200 años
​Este 1° de marzo conmemoramos doscientos años de vida autónoma como provincianos. Desde aquella perspectiva que marcó un momento de la historia, donde las Provincias del Río de la Plata parecían no estar más unidas, hubo un largo camino que fuimos recorriendo, de permanentes uniones y desuniones nacionales y regionales; a veces con un protagonismo muy marcado, a veces con intrascendencias prolongadas. Siempre con personalidad, con carácter; con más sufrimientos que bienestares, pero también con más tranquilidad y tiempo para disfrutar lo que sea que el Creador nos haya otorgado. Con un marcado sentimiento de pertenencia nacional (algo que en no muchas provincias se respira); quizás por el hecho mismo de ser una de las catorce originarias. Con acento, costumbres, cultura, y también con orgullo. Porque es algo que no podemos negar; por más que algunas veces nos quejemos o hasta critiquemos a nuestra Rioja, nos sentimos orgullosos de ser riojanos, y jamás renegaríamos de serlo.
Ahora la cuestión es: será esto sólo una fecha en el calendario de nuestras vidas, o lo convertimos en un hito que marque un antes y un después en nuestra propia historia? Estaremos dispuestos a ello? Estar dispuestos implica dos cosas; tener la inclinación o la voluntad de afrontar una tarea determinada, y por otro lado, estar capacitados para hacerlo. Ninguna funciona de manera individual.
Si consideramos que esta Provincia necesita o merece un presente en mejores condiciones, podemos (y en realidad, debemos) comenzar de inmediato un proceso de transformación profunda. La transformación es un proceso de construcción colectiva, que requiere de liderazgos, no sólo políticos sino en todos los órdenes de la actividad social. Necesitamos líderes empresariales, líderes juveniles, líderes sociales, deportivos y hasta religiosos, decididos a romper moldes, estereotipos, formas de pensamiento, y armar un nuevo esquema, una nueva idiosincrasia, que nos lleve hacia un futuro que nos encuentre mucho mejor posicionados. Porque hay realidades que no podemos negar, ni siquiera discutir, aunque muchas veces tratemos de ocultar. Luego de dos siglos de historia nacional independiente y provincial con autonomía, estamos entre las últimas provincias del país. En todo. Eso implica que nuestra calidad de vida, comparada con la de otros argentinos, es sensiblemente menor.
Muchos riojanos advertimos esta situación, no todos. Y algunos tenemos la inclinación a hacer algo por cambiar las cosas; pero no todos. Algunos riojanos se ven beneficiados con esta realidad, y prefieren mantenerla, aunque enarbolen discursos y aparentes acciones para cambiarla; pero son una notoria minoría (aunque los más poderosos). Algunos riojanos prefieren sacarse la responsabilidad individual de encima y trasladar culpas y críticas a otro, por lo general a los políticos. Como si los políticos no viniéramos de la propia sociedad riojana, que a su vez es quién vota y pone a alguien en alguna función pública. Algunos riojanos le echan la culpa a la historia, a la geografía. En realidad, no es la aridez, no es la lejanía, ni la corrupción ni el engaño que produce la desinformación, nuestro principal enemigo, sino el conformismo.
Es ese conformismo el que mantiene el status quo actual de un modo que pareciera inquebrantable. Alimentado con pequeñas porciones de beneficios temporales a la población y con grandes pociones de venenos reaccionarios aplicados a aquel que se atreva a pensar distinto. En una Provincia donde gobernar es dar un bono; en un sistema educativo donde los estudiantes son formados para ser empleados (más precisamente empleados públicos) en lugar de ser emprendedores; en un esquema de comunicación pública donde si no alabas al gobernante los medios no cobrarán nunca la pauta oficial, casi única fuente de manutención del medio, y por lo tanto no puedes profundizar en el tratamiento de la realidad; es obvio que ese conformismo se robustece y propaga. Va de generación en generación. Y casi se convierte en resignación. Me recuerda a aquella hermosa canción de Moris: “confórmate me decía un tigre viejo…(relata el Oso encerrado en el circo), nunca el techo y la comida han de faltar…”.
Sin embargo, hay un futuro disponible, para empezar a trabajarlo, si tenemos otra visión. Si tenemos la voluntad de transformación profunda y queremos ver progresar a La Rioja, que significa ver progresar a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, a los comerciantes del barrio, a las fábricas, a los que trabajan las fincas. Solo se progresa con esfuerzo, con dedicación; no se progresa con la dádiva, ni se gana nada con la crítica.
Tener la voluntad real y la visión de la necesidad de cambiar es el primer paso. Pero también es necesario tener la capacitación, estar preparados; saber cómo afrontar un camino. Tener un proyecto de vida individual (y ya dijimos, esforzarse para hacerlo realidad) y un proyecto de Provincia claro, con consenso social que nos haga sentirnos identificados con la acción comunitaria que emprendemos, que nos haga sentirnos parte. Una planificación consciente, sólidamente fundamentada en datos precisos, a mediano y largo plazo, que trascienda períodos constitucionales de líderes políticos de turno. Una visión de integración social que nos fortalezca como comunidad. Un horizonte de producción que nos integre en la región y en el mundo. Todo eso, requiere de líderes (en todos los órdenes) y equipos bien entrenados. Porque después de todo, a los objetivos de transformación sólo los alcanzaremos trabajando como equipo, jamás de manera individual.
Tener un futuro de progreso, mayor bienestar y calidad de vida, es posible. Muchos riojanos estamos dispuestos a encarar ese proceso. Voluntad, dedicación y capacitación son necesarias. Con todos nuestros aciertos y errores, que todos tenemos, pero con la visión inquebrantable de una Rioja mejor, de la que todos, siempre, nos sintamos orgullosos. Feliz Bicentenario!

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