El escrito que hizo en 2004 la bisnieta de Natal Luna

El escrito que hizo en 2004 la bisnieta de Natal Luna

El Castillo está ubicado en cercanías de la ciudad de La Rioja, en la zona del paraje Saladillo, a metros de Juan Caro. Muchos vecinos aseguran escuchar y ver a una mujer que aparecería de la nada dentro del Castillo. Aquí te mostramos una reseña que fue redactada por María Elena Luna Olmos en 2004, quien hoy muchos dicen ver y escuchar en el Castillo.

Soy bisnieta de Natal Luna y ante noticias aparecidas en los medios de comunicación locales, que lo mencionan a él y a sus herederos, dando versiones sobre la historia de la que fuera una de nuestras propiedades, creo mi deber en nombre de mi familia y del mío propio, dar a conocer la verdadera historia del Saladillo.

Fue en tiempo de los jesuitas un lugar que ellos ocupaban para hacer retiros espirituales y también para descansar del abrumador calor que siempre nos acompaña. En mi niñez, aun podían observarse viejas tumbas, en las que según la tradición familiar, se encontraban enterrados algunos de los jesuitas que fallecieron en estas tierras. Después de la expulsión de los mismos, este lugar pasó a ser posesión de Don Vicente Antonio Bustos. ¿Quién fue? En 1810, era el comandante de armas y encargados de la Real Hacienda de La Rioja. Jamás fue gobernador de La Rioja, era el máximo funcionario de la corona española cuando éramos colonia. El que fue gobernador de La Rioja es su hijo Manuel Vicente Bustos y este nunca fue propietario del Saladillo. Don Vicente Antonio Bustos era el abuelo materno de Natal Luna y fue este último quien recibió en herencia esta propiedad.

En tiempos en que Natal Luna era diputado nacional por la Rioja concibió el proyecto de unir mediante el Ferrocarril la ciudad de La Rioja y Catamarca. Para llevar a cabo este plan necesitaba de un ingeniero. No los había en estos medios por ese entonces y debió buscarlo en Buenos Aires.

Natal Luna Bustos (Fuente: La Rioja Antigua)

Allí no le fue fácil conseguir alguien que quisiera venir a estas tierras. Finalmente se contacto con un francés, el ingeniero Laforgue. Este señor tenía una hija afectada por una cruel enfermedad: tuberculosis. En esa época se consideraba que el clima de las montañas mejoraba a estos pacientes y fue esta ilusión la que llevó a Laforgue aceptar la propuesta de Natal Luna.

El diputado comprendía que siendo la tuberculosis una enfermedad contagiosa y en esos tiempos incurable, era conveniente que el ingeniero y su hija vivieran en la misma ciudad de La Rioja, así es que le ofreció que se estableciera en el Saladillo.

Laforgue estuvo de acuerdo, pero dijo que le gustaría levantar allí un castillo, como los que se ven en la orilla del Sena, en su Francia natal. Natal Luna acepto y puso el material y la mano de obra. Se pueden ver todavía durmientes del ferrocarril que se empleó en su construcción. Allí vivía la joven enferma junto a su padre.

Facsímil de la primera hoja de la escritura del predio del “Saladillo”, posesión jesuítica vendida por la corona de España (Fuente: La Rioja Antigua)

El proyecto de Luna, sin embargo, nunca se concretó, debido a que la niña falleció y poco tiempo después murió su padre, doblegado por la gran tristeza que este hecho le causó. Con posterioridad a la muerte de la francesita se quemaron sus ropas y todos aquellos enceres que habían estado en contacto con ella. Esta medida se tomaba para evitar el contagio tan temido.

La gente dice que en el castillo asustan. Muchos hablan de una mujer rubia vestida de blanco que canta, sin que se le pueda entender lo que dice. Explican que se escucha un piano y ven a esta persona muy blanca que por allí pasea en horas de la tarde y de la noche. Bueno… qué castillo que se precie de tal no tiene un fantasma.

Creo que las circunstancias que rodean la estadía de la señorita Laforgue, su enfermedad, su muerte, la cubrieron de un manto de misterio, a los ojos de los que ocasionalmente la conocieron y que no pudieron hablar con ella, ya que la joven no conocía el español, solo hablaba su lengua materna: el francés. Debo confesar que ningún miembro de mi familia vio nunca esta “aparición”.

Siguiendo con la historia del castillo, el doctor Joaquín V. González era uno de los más fervientes enamorado del “Saladillo”. Era yerno de Natal Luna y por esa razón pasaba junto a su familia muchas temporadas de verano en esta propiedad. Allí escribió el cuento El Señor del Agua. En él hace referencia a un sapo de brillantes colores que habitaba el estanque del saladillo.

Desideria de Olmos ( esposa de Natal Luna), junto a su hijo Natal Luna Olmos (Fuente: La Rioja Antigua)

En numerosas ocasiones le pidió Joaquín V. González a su suegro que le diera el Saladillo como parte de la herencia de su esposa. Siempre la respuesta de Natal Luna fue negativa. Hasta que finamente y para dar por terminada la cuestión, Natal Luna hizo un adelanto de herencia a favor de su hija Amalia Luna Olmos – esposa de González – y le cedió una parte de otra propiedad, situada en la misma ciudad de La Rioja. Esa finca se llamaba las Catorce Provincias. Allí, González levanto una casa que en principio fue concebida como una copia del Saladillo. Esa casa es aquella que en la actualidad ocupa el archivo histórico.

Natal Luna Olmos y su esposa, Amelia Herrera Ocampo, en una foto de la época
tomada en la casona familiar ubicada frente a plaza principal (Fuente: La Rioja Antigua)

Desde tiempos muy remotos existe la costumbre en muchas de nuestras familias de otorgar a la hija que se casa un documento: la carta dotal. En ella se detallan los bienes que se entregaban como dote, y el padre de la novia explicaba y justificaba los orígenes de la niña, dando razón de cuál era la sangre que corría por sus venas.

Por la prensa me enteré que se piensa habilitar el Castillo para ser visitado. Así es que pensé que ante nuevo destino, correspondía extender a esta querida propiedad, como si de una novia se tratara, su propia carta dotal. Es por eso que decidí escribir estas líneas, con el objeto de que sirvan como el referido documento. Digo pues, que el Saladillo fue nuestro durante doscientos años, desde el siglo XVIII hasta fines del siglo XX. Voy a emplear la vieja fórmula con que se cerraba una carta dotal, y es la siguiente: Es testimonio mío de verdad.

María Elena Luna Olmos – DNI 5.658.852

Dejo Constancia de que aquí expresado cuenta con el correspondiente aval documental.

La Rioja, 4/12/2004

FUENTE:
Nota: Diario el Independiente, 4 de diciembre de 2004.
Textos y fotos: María Elena Luna Olmos
Foto actual: Trip Suggest