Otro papelón del Senador en un día muy sensible

Otro papelón del Senador en un día muy sensible

Ayer, Chilecito cumplió sus 304 años de vida, y toda figura política nacida en la Perla del Oeste aprovechó para saludar en las redes. El Papelón del día lo protagonizó el Senador radical Julio Martínez, que armó un video muy lindo con unas frases hermosas… Pero, poco duró la mentira: los versos utilizados por Mashasha le pertenecen a un recordado Docente Peronista, Julián Amatte, abuelo del Diputado peronista Ricky Herrera.

Redacción de RiojaLibre

Pasado el mediodía del Martes, Julio Martínez publicó en sus redes su saludo por el 304° Aniversario de Chilecito:

Las imágenes reflejan el paradisíaco paisaje de la Perla del Oeste, acompañado por prosas que enriquecen el alma. El problema fue que esos versos no los escribió Mashasha, sino un Docente bien peronista: Julián Amatte.

Al darse cuenta que había plagiado a un ‘peronista’, Mashasha no tardó en borrar el video, y reemplazarlo por esta simple imagen:

Ya era tarde, las Redes destrozaron a Mashasha por su plagio. Volvió Pachorra Martínez.

Aprovechamos el plagio de Julio Martínez para recordar a uno de los Docentes más importantes que tuvo la Perla del Oeste:

Julián Amatte nació en Chilecito, provincia de La Rioja, el 24 de Abril de 1919.

Habiendo cursado primeramente los estudios secundarios en la Escuela Normal Mixta Joaquín V. González, en Chilecito, hace el profesorado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, egresando en 1941 con el título de Profesor de Enseñanza Secundaria Normal, y Especial en Letras.

Entre los años 1945 y 1974 (año de su fallecimiento), fue profesor en nuestra Escuela Normal de Chilecito.

Fue también director ad honorem* de la Escuela de Idóneos Mineros, dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo, sede Chilecito (1954).

Además, fue delegado ministerial ante la Junta de Clasificación, zona XII.

Profesor del taller de literatura de la Escuela de Danzas y Artes Nativas de Chilecito (1971).

Profesor contratado por la Dirección General de Cultura de La Rioja para desarrollar un curso de literatura perceptiva (1972).

Fue además, Subsecretario de Cultura y Educación de la Provincia de La Rioja (1973).

Vice Director de la Escuela Normal de Chilecito hasta el 17 de Noviembre de 1974.

Poseedor de la mayor sabiduría: la humildad. No lo mareó el brillo de la fama, ni hizo alarde provocativo de su mentada* inteligencia. Se contentó con vivir en una casa modesta, y sus costumbres cotidianas rayaron en la mayor de la sencillez. Su trato personal no fue nunca discriminatorio, por el contrario, su permanente amabilidad era el común denominador*; eso sí, ante la disyuntiva*, cuando se trataba de elegir entre el poderoso y el débil, siempre se puso del lado de este último.

Fue suyo el dolor de las masas, del pueblo en sus necesidades, por ello tuvo actitudes de rebeldía ante el poderoso.

Vocación innata* por la docencia: respetando la sideral* distancia que hubo entre uno y otro, había algo en común con Sócrates, el gran filósofo griego, que impartía sus enseñanzas a quienes deseaban escucharlo, en cualquier paseo público.

Julián Amatte, no consideraba ni persona, ni lugar, ni tema, cuando de sacar una duda se trataba. Tuvo el mágico privilegio, de saber captar a sus alumnos en las horas de clases y de hacer gustar la materia con la forma amena*, chispeante, entretenida con que la dictaba (se posesionaba tanto que parecía ser un desafío consigo mismo, para que esta clase fuera mejor que la de ayer, pero menos que la de mañana), a tal punto, que resultaba fastidioso para los alumnos el fin de la hora, y también expectante* la espera para un nuevo encuentro con el profesor.

Sus clases, eran una caja de sorpresas, por todo lo que hacía descubrir a sus queridos alumnos, por todo lo que descubrían de él, en cuanto a sus conocimientos. Fue un verdadero amigo, asesor y consejero del alumno; y cuantas veces confidente, como así también de sus colegas; nadie escatimó* abrevar* de sus conocimientos al amparo de su permanente actitud paternalista. Consultarle algo, connotada* la seguridad de recibir un aliciente*, una inyección de optimismo, porque sabía encontrar la palabra justa, apropiada, para la explicación del caso.

No hubo teorema de matemáticas ni silogismo* de lógica, explicados por el profesor Amatte que no se haya entendido.
Su sentido del humor era caracterizante. La agudeza mental para hacer una broma inofensiva o ironizante*, el departir* con alegría contagiosa o la disposición para el baile, el canto y toda actitud jocosa*, como e identificarse con los niños cuando jugaba con ellos, y dialogaba de igual a igual de temas propios de aquellos, fue una tímida manera de no querer mostrar otra cara de su polifacética* personalidad: Julián Amatte era un hombre triste por naturaleza, nostálgico, dolorido, le costaba vivir.

Una frase preferida por él, era la antigua: “denme un punto de apoyo y moveré el mundo”, en la que se interpreta su necesidad de apoyo para atemperar* lo que le costaba la aventura del vivir.
Su figura fue polémica: tuvo grandes admiradoras obsecuentes* con su conducta y tuvo también detractores*.

Sin duda ello se debió a esa modalidad franca, abierta sin rodeos ni tapujos*, junto a sus gestos y portes señoriales y solemnes*.

Volcó permanentemente en la poesía, el innegable lirismo* que aleteaba en él, porque el escribir le era una necesidad vital. Hablaba con frecuencia lo que el llamaba “el instante poético”, y acosado por él, imprevistamente escribía al correr de la pluma, dejaba “en reposo”la producción varios días, para recién “ser juzgada”.

De ese juicio, salía el veredicto: debía ser corregida o quedaba como inicialmente fuera escrita.

Tenía un alto concepto de la responsabilidad de su producción y se ajustaba al siguiente parámetro: “Si ayer salté un metro, hoy debo llegar a un metro y veinte”, en el sentido de ir superándose.
Declarado defensor de todo lo que hace a lo nacional, federalismo, instituciones, folclore etc. Y con un acendrado* amor por su terruño, su Chilecito.

Personas de relevancia cultural, o artística que lo visitaban, “obligadamente” buscaban conectarse con él, porque pareciera que en esos aspectos “Chilecito se resumía en la persona de Julián Amatte”.

Fue verdaderamente un romántico, fue afectivamente un niño, intelectualmente un hombre, un adulto, un grande.

Su alumna Elda Grygorowicz despertó su interés enamorándose de ella, con el correr del tiempo le propone matrimonio y finalmente fue su esposa.